Recrear el tesoro

Volver al fundamento de nuestra vocación misionera. Dejar que el Espíritu haga nuevas todas las cosas en nosotras y a través de nosotras.

Reavivar el don de Dios

Celebrar cien años nos invita a volver al tesoro que da sentido a nuestra vida. No miramos la historia solo para conservarla, sino para dejarnos recrear por ella.

El documento de nuestro XVII Capítulo General nos invita a reavivar el don de Dios. Esta llamada nos ayuda a vivir el centenario como un tiempo de renovación interior, personal, comunitaria y misionera.

Recrear significa volver a la fuente para que el carisma siga fecundando la vida de hoy. Significa dejarnos hacer por Dios, abrirnos a su novedad y permitir que nuestra misión encuentre nuevas formas de presencia.

Nuestro mayor tesoro
es la experiencia de Jesús

En Él se enraíza nuestra vocación y desde Él queremos comprender nuestra misión.

Recrear el carisma es volver a Él, dejarnos transformar por sus opciones, por su modo de mirar, de acercarse, de tocar la vida, de levantar a quienes estaban heridos y de entregar la propia vida por amor.

Jesús redentor sigue siendo la fuente de nuestra espiritualidad. En Él descubrimos el sentido de nuestro seguimiento y la fuerza para cruzar fronteras.

El espíritu misionero

Recrear el tesoro es reavivar el espíritu misionero que nos impulsa a salir y compartir la Buena Noticia de Jesús con todos los pueblos, con todas las personas y con toda la creación.

Hoy esta misión toma formas concretas como la sed de sentido, el acompañamiento, el cuidado, la hospitalidad, la justicia, el diálogo o el encuentro con lo diferente. De un modo especial, nos sentimos llamadas a estar cerca de las personas más vulnerables y de las realidades donde la vida necesita ser cuidada.

La misión es vivir abiertas al envío. Es reconocer las nuevas fronteras de nuestro tiempo y preguntarnos dónde quiere Dios que estemos hoy.

La comunión para la misión

La comunidad de Berriz supo aunar corazones desde la escucha al querer de Dios en los clamores de la humanidad.

Esa experiencia de comunión sigue siendo necesaria. La misión se discierne, se sostiene y se vive en familia. Hermanas y laicado MMB compartimos un mismo deseo: que el carisma recibido siga ofreciendo vida.

Recrear el tesoro es cuidar los vínculos, escuchar juntas, buscar juntas, dejarnos interpelar por la realidad y responder como familia misionera.

El cuarto voto

En el corazón de nuestra vocación mercedaria está el Cuarto Voto redentor, que hoy formulamos como permanecer en la misión aunque hubiera riesgo de perder la vida, si así lo exige el bien de nuestros hermanos.

Este voto expresa el seguimiento de Jesús que redime dando la propia vida. Es manantial de nuestra espiritualidad y centro desde el que vamos dando sentido MMB a nuestra vocación y respuesta misionera.

Por eso, para nosotras, dar vida no es solo una expresión hermosa. Es una forma concreta de amar:

dar la vida para que otros y otras tengan vida

¿Qué quiere recrear Dios en nosotras,
en nuestras comunidades y en nuestra misión?