Agradecer nuestra historia

 

Volvemos la mirada a nuestros orígenes para reconocer la acción de Dios que siempre recrea,
renueva, abre, expande e invita a salir.

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Pasar por el corazón

 

Agradecer es volver a mirar la historia con hondura, dejar que pase por el corazón y reconocer en ella la presencia de Dios.

En estos cien años descubrimos una gracia recibida y compartida: la audacia de Margarita María, la disponibilidad de la comunidad de Berriz, la entrega de las primeras misioneras y la vida de tantos pueblos con quienes hemos compartido camino.

Agradecemos una historia hecha de nombres, rostros, viajes, esperas, dificultades, bendiciones y frutos. Una historia que nos pertenece como don recibido.

La audacia de Margarita María

 

Agradecemos la apertura y fidelidad de Margarita María a la novedad del Espíritu. En ella fue creciendo el deseo de dar a conocer a Jesús hasta los últimos confines del mundo.

Su pasión misionera se fue contagiando a las alumnas del Internado de Berriz, dando lugar a la Juventud Mercedaria Misionera, la primera asociación misionera juvenil de España.

Después, ese mismo impulso alcanzó a la comunidad mercedaria. Mujeres que supieron escuchar a Dios en los signos de los tiempos fueron capaces de traspasar la clausura de siglos y abrir una nueva forma de vivir el carisma.

La misión nació de una escucha profunda y de una audacia compartida.

Las primeras fronteras

 

El 19 de septiembre de 1926, seis hermanas salieron de Berriz hacia Wuhu, China. Aquel primer envío abrió definitivamente una historia misionera que ya no dejaría de ensancharse.

Poco después, nuevas expediciones llevaron la misión a Saipán, Tokio y Pohnpei. En solo dos años, las primeras cuatro misiones MMB estaban en marcha.

Agradecemos la disponibilidad de aquellas hermanas que salieron a tierras lejanas movidas por el deseo de trabajar y padecer por el Reino. Afrontaron guerras, exilio, persecución, cárcel, penurias económicas y tantas dificultades que hoy reconocemos como parte de una historia de entrega fecunda.

Begoña Dochao, Auxilio de M° Urizar, Expectación Echaniz, Josefina Bilbao, Encamación Vicandi y Aurora Chopitea a bordo del Chambord.

Septiembre 1926

Tanto bien recibido

 

Releer nuestra historia nos lleva a gozar de las grandes y pequeñas bendiciones. Nos ayuda a reconocer la gracia de Dios, la vida compartida con otras personas y pueblos, y la riqueza de la diversidad cultural que ha ido ensanchando nuestra manera de vivir la misión.

Agradecemos lo recibido de Dios, de las hermanas que nos precedieron, del laicado MMB, de las comunidades, de los pueblos y de tantas personas que han caminado con nosotras.

Agradecer nos devuelve a la humildad y a la esperanza. Nos recuerda que la historia no empezó en nosotras y que el carisma sigue siendo un don vivo, recibido para ser compartido.

¿Por qué agradeces tu?

 

Te invitamos a recorrer esta memoria viva, a compartir testimonios, fotografías, recuerdos y experiencias que ayuden a reconocer el paso de Dios en nuestra historia.

Compártelo en redes con el hashtag #mmb100 y etiqueta a tus comunidades locales.